Un Rey prescindible. Por Norberto Pico

El discurso del Rey la noche de Nochebuena es prácticamente el único acto de contenido político que realiza el Jefe del Estado a lo largo del año. El resto de su agenda son actos protocolarios, recepciones, visitas, comidas, fiestas… 365 días esperando a escuchar sus palabras, enorme expectación y, como cada año, llega la decepción. Un discurso insulso, cargado de vaguedades y pleno de lugares comunes.

Parecería al escucharle que España no tiene los problemas extraordinariamente graves que tiene: un golpe secesionista que sigue en marcha; más de tres millones de parados; corrupción incesante; un Estado en quiebra técnica; una sociedad en quiebra moral.

Cierto es que, aquellos que no comulgan con la forma de gobierno monárquica estaban -estábamos- predispuestos a criticar su mensaje. Tan cierto como que a otros no les hacía falta esperar a escucharlo para calentarse las manos aplaudiendo.

Entre estos últimos -los defensores de la monarquía- destacan últimamente aquellos cuya sintonía con la Casa Real se debe no tanto a sus méritos como a que comparten enemigos. Como parte de la izquierda y los separatistas quieran acabar con la monarquía, ellos se han erigido en los máximos defensores de la institución monárquica.

Pero que la monarquía sea objeto de críticas por parte de quienes quieren liquidar España no es mérito suficiente para merecer nuestra adhesión a la monarquía en general y al Rey Felipe VI en particular.

España necesita un Jefe del Estado que se ponga al frente de la defensa de la nación. No un mero símbolo. No un árbitro. No un conseguidor para las empresas españolas. España necesita un Jefe del Estado. Con amplios poderes, con funciones ejecutivas y con la firme determinación de hacer frente a los peligros que amenazan a nuestra patria.

Como quiera que su antecesor en el cargo dormitó durante décadas en el trono, entregado al ocio y la frivolidad, tan sólo preocupado por su enriquecimiento personal, parecería que el actual monarca es un dechado de virtudes. Pero ostentar la máxima representación del Estado no puede equipararse al servicio militar obligatorio, en donde el valor se le suponía al soldado que no pudo probarlo en el combate. No.

El Jefe del Estado debe ganarse el cargo que ostenta día tras día. Encarando los problemas de España. No poniéndose de perfil ante quienes quieren acabar -y parece que pueden llegar a hacerlo- con una nación bimilenaria como es la nuestra.

La monarquía, como la república, la dictadura o la democracia, sólo será legítima si sirve a España y a los españoles. Y ni España ni los españoles le perdonarán su esterilidad.

Y si no es así -y así lo parece- no valdrá de nada invocar viejas hazañas ni legitimidades antiguas. Si la monarquía y el Rey, no se ponen de una vez al servicio de España y de los españoles, la monarquía y el Rey serán prescindibles.

 

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https://www.youtube.com/watch?v=firWKtEUwQs&feature=youtu.be

 

 

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