Martín Sáenz de Ynestrillas valora en primicia para El Correo de Madrid su nombramiento como candidato por ADÑ para las Europeas

Martín Sáenz de Ynestrillas es un empresario que ha desarrollado diversos papeles en el mundo de la tecnología, las infraestructuras y la enseñanza, a lo largo de más de 35 años. Falangista por convicción y muy asiduo en diferentes medios de comunicación.

¿Qué supone su nombramiento como candidato para las Europeas?

Fundamentalmente dos cosas: un honor y una enorme responsabilidad. Y por las dos estoy inmensamente agradecido. Honor, porque supone una muestra inequívoca de estar viviendo una etapa nueva del nacional-sindicalismo en particular y del social patriotismo cristiano en general. Que cuatro formaciones distintas como las que conformamos ADÑ, hayamos sido capaces de superar diferentes enfoques y encontrar un candidato que represente a todas, asumiendo un programa único, es un éxito que me atrevo a calificar de “sin precedentes”, por lo menos desde muchos años atrás. Y por ello es también una enorme responsabilidad.

Pero como digo, esa responsabilidad estimula y aviva mi deseo de lograr un éxito a la altura del propio logro unitario, y hace que vivamos el proyecto con enorme ilusión y ganas. Pese a las especiales circunstancias que se dan en este momento electoral, estamos convencidos de haber respondido a una de las demandas más importantes de nuestro eventual electorado - la unidad – y ahora reclamaremos nuestra parte: el apoyo

¿Hasta que punto es importante tener representación en Europa?

Es capital. Somos la única formación española que lleva un mensaje de escepticismo respecto de la actual fórmula de unión europea, que no de Europa. La única que reclama soberanía para recuperar nuestros destinos y anteponer los derechos y necesidades de los españoles a los del globalismo informe, sin identidad ni más preocupaciones que las que dictan los mercados y los intereses financieros. Pero no somos la única fuerza que reclama esto para su nación. De hecho, un 50% de los europeos no se siente identificado con este modelo europeo. No participa. Y otro 30% lo hace con las mismas objeciones que nosotros. Se está forjando, por tanto, otra Europa diferente: de patrias y naciones soberanas, de tradición y cultura europeas, de pilares básicos de convivencia cristiana, griega, romana… No podemos permitirnos el lujo de faltar a esa reconstrucción Europa. Y solo si estamos nosotros participaremos de ella: somos los únicos en España que reivindicamos el modelo.

Es importante entrar para tener unos recursos económicos básicos para seguir creciendo y para tener mayor presencia en los medios.

Ese es el gran talón de Aquiles. Efectivamente quienes construimos estas opciones lo hacemos únicamente desde nuestros propios recursos casi personales. No hay venezolanos, ni iraníes, ni israelíes, ni ningún otro frente de poder como las “sociedades abiertas” de Georges Soros o el impulso neoconservador de Steve Bannon detrás de nosotros. Cualquier éxito será doble o triple en este sentido. Las dificultades para la presentación de candidaturas incorporan miles de firmas en tiempo récord, al no contar con representación parlamentaria todavía y la dependencia de firmas de aval, de los que son adversarios políticos, dejan muchas veces nuestras opciones en manos inciertas y nada cómodas con nuestra presencia. Por eso es tan importante acceder a las instituciones. No es fácil llegar a ellas con un mensaje de destrucción previa y recomposición posterior del escenario, pero es lo que haremos, y cuando lo logremos contaremos con unos recursos esenciales para seguir creciendo y aportando nuestra visión y nuestro trabajo.

En cambio, creo que la atención mediática va a depender, una vez más, de medios independientes como El Correo de Madrid y otros similares, porque no cabe duda de que el Himalaya de mentiras con el que se suele perseguir y castigar a nuestro proyecto, se verá notablemente incrementado cuando haya éxito. No importa, estamos preparados. Cuando nuestra coalición decide candidatos y conoce, como todas, las trayectorias vitales de su gente, sus opiniones, su pasado, etc. ya sabe a lo que se enfrenta cuando empiecen los policías del pensamiento único, los Federicos Jimenez Losantos y los dictadores de las ideologías al uso, a tratar de reconfigurar nuestras fuerzas. Si no estuviéramos preparados para eso ¿Cómo íbamos a ser capaces de aguantar a pie firme otros embates más importantes como la unidad de España, la protección de la vida, los derechos de los trabajadores o la protección de nuestras fronteras, por ejemplo? ¿Con qué credibilidad nos íbamos a presentar a nuestros electores si permitiéramos que otros, con sus inquinas o sus embustes, configuraran nuestros proyectos? En esta coalición estamos preparados para echar pie a tierra. No pasa nada. Es la costumbre de los que solemos acampar fuera.

Entrar el Parlamento Europeo supondría también un gran punto de inflexión en la pequeña historia de la coalición ADÑ.

Sin duda. A muchos de nuestros electores, que lo son, les asalta permanentemente la duda de si su apoyo servirá para algo. Pocas veces hacen la reflexión de lo poco que sirve, una y otra vez, ese concepto de voto útil, que los tiene arrastrándose ojerosos y apesadumbrados de elección en elección, buscando siempre y encontrando, un mantra nuevo, una vez que comprueban que el anterior no sirvió a sus pretensiones.

No se dan cuenta de que, en la totalidad de las ocasiones, ha sido su miedo, su indefinición, su falta de fe y de confianza en el esfuerzo, primero, y en el triunfo, después, la que deja bajo la noche estrellada todas nuestras opciones. Pero se vuelven locos de alegría y contento, de emoción irracional, cuando una formación nueva irrumpe en un parlamento autonómico, aunque no les represente en absoluto. Y crece su confianza. Y son capaces de tomar el cielo por asalto. Y cambian el color de sus banderas al reflejo del éxito inicial de otros.

¿Cómo no va a ser distinto para todos, el día que recuperemos la fe y la confianza en nosotros mismos y nos demos cuenta de que el éxito de ADÑ depende solo de todos y cada uno de nosotros? Y además será imparable, porque, por primera vez - entonces sí - se sentirán ganadores de su propia causa, y no de la prestada o sustraída por otros. Con sus propias banderas, emociones y pensamientos, que son los nuestros. No con una mala adaptación de trazo grueso, de pintor de brocha gorda a la que se habrán tenido que adaptar para sentirse menos rechazados. Más cómodos. Cuando en mayo rompamos la cerradura de Europa abremos abierto las puertas de España de cara al futuro. Sin duda.

¿Qué expectativas de voto tienen en estas elecciones?

Nosotros ni entramos en los sondeos, ni nos darían los datos, aunque apareciéramos, excepto si sirviera a los intereses del sistema, que obviamente, no es el caso. Por tanto, solo podemos hablar de sensaciones, por un lado, y de trabajo y confianza, por otro. ¿Quiere mi pronóstico? Vamos a estar en Europa, seguro. Se trata de circunscripción única. Todos los votos cuentan y valen lo mismo. Y España está harta de haber perdido su papel en la historia, en el presente y si no lo cambiamos, en el futuro. Percibo confianza. Estaremos en Europa. ¿2, 3? No lo se, pero estaremos en Europa.

Soberanía, inmigración, esencia católica serían tres pilares básicos que tienen muy claros.

Si tuviéramos que elegir un buque insignia, sería precisamente ese: Soberanía. Soberanía hacia el interior y Soberanía hacia el exterior.

No es otra cosa que el control de nuestro destino, la toma de nuestras decisiones, la protección de nuestros intereses. Todo lo que planteamos, desde el control de fronteras hasta la reconstrucción de nuestro mundo agrario, pasa por la soberanía. Ya sea el ordenamiento jurídico, o nuestra misión en el mundo, dependen de nuestra soberanía. Si Europa renuncia al derecho positivo y a la interpretación cristiana del derecho natural, no solo dinamita sus fuentes, su cultura, sus raíces, su alma, sino la nuestra.

Si Europa decide poner o quitar reglas de mercado, regular flujos migratorios, imponer cuotas, arrancar olivos, matar vacas, importar mano de obra en régimen de esclavitud, regular la moneda, el crédito, la competencia…. no sé si alcanzamos la categoría de Estado y si a alguien le importa, pero desde luego no alcanzamos la de nación ni decidimos nuestros destinos conforme a esa tradición nuestra, esa cultura, ese concepto espiritual de patria que abarca mucho más allá de un pedazo de tierra y unos bailes regionales o una selección de fútbol. Nosotros construimos buena parte del mundo. Supimos recoger esencias de todos los pueblos que nos conformaron y contribuimos a reconformar, a nuestra vez, a esos pueblos de los que bebimos.

Y nos enfrentamos ferozmente contra todo invasor que quiso someternos o destruir nuestros principios. Y llevamos luz a un mundo aun por descubrir. ¿Miramos ahora esta España nuestra y la imaginamos teniendo que pedir permiso a Europa para poder ser lo que somos?

Durante siglos no tuvimos necesidad de combatir ningún tipo de migración. ¿Sabe por qué? Porque cuando dependió de nosotros, cuando éramos soberanos, llevamos idioma, religión, universidades, derecho, instituciones, carreteras, progreso, infraestructuras. Y los únicos migrantes eran los Procuradores en Cortes de nuestras provincias de Ultramar, que regresaban a casa contentos de pertenecer a una nación que no entendía el progreso como una forma de esclavitud y que lo llevaba a la puerta de sus casas.

Hoy en esa Europa de los capitales, nos vemos abocados a poner concertinas, a integrarnos en alianzas militares que no tienen como misión la  defensa de nuestras fronteras y a soportar a una potencia colonialista que mantiene la herida anacrónica de Gibraltar en nuestra puerta del sur.

Sin duda Soberanía es la palabra.

Y para finalizar comente algún otro punto importante del programa y explique lo que aportan ustedes al panorama político.

Junto a los tres que hemos venido desarrollando -soberanía, tradición cristiana y control de fronteras - cabría añadir la recuperación del control sobre la política monetaria, con la consiguiente salida del Euro y una de las más importantes: la reivindicación efectiva del fin de las políticas de recortes.

No hay patria alguna que se sustente en el hambre, la precariedad, el desempleo, la desesperación, la inestabilidad, la destrucción del entorno familiar, el respeto a los mayores. Queremos desterrar un concepto económico habitual y terrible: Capital Humano. Ese es el problema. Haber convertido al hombre en un recurso del sistema capitalista, como la fresa, la taladradora, o el inmueble.

Hablamos de horas/hombre para calcular precios y eso ha dado lugar a una estrategia en la que el hombre, lejos de ser centro y motor de todo el sistema es pieza de competitividad. De ahí la necesaria movilización de recursos transfronterizos en régimen de semi-esclavitud.

Tenemos que garantizar los servicios públicos esenciales: la sanidad, los transportes, las comunicaciones, la energía, la escuela, el crédito, el acceso a la vivienda y la creación del tejido industrial y empresarial. Eso que caracterizaba tanto a España y que convertía a cada trabajador en dueño y señor de los medios de producción.

Tenemos que garantizar que nadie pueda ser expulsado de su vivienda por la acción de una economía de oportunidad sin escrúpulos. Tenemos que garantizar techo, lumbre, propiedad, trabajo…

Esos sí se envolverán en nuestra rojigualda sabiendo a qué nación pertenecen. Los otros son pobres esclavos de un mundialismo globalizador que apenas tienen tiempo de banderas ni patrias. Bastante tienen con subsistir.

Cubrirse de banderas es fácil. Hasta Sánchez e Iglesias lo han hecho, pese al asco que les produce nuestra enseña. Lo han hecho tradicionalmente las derechas viejas y las derechas nuevas y han sabido aprovechar – otra vez – el trazo grueso de los sentimientos primitivos de patria, al fragor del hastío rupturista de los independentistas, para volcar sobre ellos los instintos más primarios.

Cuando todo eso acabe, cuando haya que rascar, tendremos que encontrar nuestra bandera en la Justicia social, en el Bien y en la Verdad. Y de nuevo estaremos solos.

¿Quiere añadir algo más?

¿Le parece poco? ¡Estoy exhausto! Oportunidades tendremos. Quedan casi dos meses de intenso trabajo y cinco años de Parlamento Europeo. Van a oír hablar de nosotros en Europa y en España. Es ahí donde añadiremos.

 

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