La inmoralidad autonómica. Por Norberto Pico.

María José Sierra, Jefe de Área del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, anunció ayer martes que “no descartaba” que se pudiesen llevar a cabo traslados de pacientes infectados de Coronavirus entre comunidades autónomas, teniendo en cuenta que algunas de ellas tienen ya su capacidad máxima desbordada o a punto de desbordarse.

La Doctora Sierra comparecía ayer en rueda de prensa en sustitución de Fernando Simón, infectado por el Covid-19 y que, de igual forma, había utilizado esa huidiza expresión días antes al ser preguntado por si se estaban realizando traslados de enfermos entre comunidades: “no se descarta”.

No se descarta quiere decir que, hasta el momento, con más de 85000 contagiados diagnosticados y 7624 muertos; con las imágenes que todos hemos podido ver de enfermos tirados por el suelo de los pasillos de los hospitales; con pistas de patinaje convertidas en improvisadas morgues porque los servicios funerarios no dan abasto; habiendo tenido que habilitarse hoteles y pabellones de ferias como hospitales de campaña… Con todo este desastre afectando a algunas comunidades cuyo sistema sanitario ha colapsado, a día de hoy, ¡no se ha hecho ni un solo traslado de enfermos entre distintas comunidades autónomas!

En nuestra inocencia, muchos pensamos que el anuncio del Gobierno tras el Consejo de Ministros del 14 de marzo de que se centralizaba el sistema sanitario, unificando todos los recursos públicos y privados bajo la dirección del Ministro de Sanidad era, entre otras cosas, precisamente para esto. Ardorosa ingenuidad la nuestra.

Lamentablemente, son innumerables los testimonios de familiares de enfermos a los que se ha dicho, literalmente, que no se podía hacer nada por su familiar salvo dejarle morir porque no se disponía de un respirador artificial libre.

A esas viudas, a esos huérfanos, alguno de los propagandistas del Régimen del 78 tendrá que mirarlos a los ojos y decirles que su marido, su padre o su hijo murieron porque no había un respirador libre en Madrid y que, si bien es cierto que lo había en Andalucía o en Extremadura, deben comprender que la competencia en sanidad está transferida a las comunidades autónomas, por lo que no se les pudo trasladar para tratar de salvarles la vida.

Con un poco de suerte, además de interponer contra las autoridades sanitarias la pertinente denuncia por haber dejado morir a su familiar, alguno le propinará a alguno de estos apóstoles del autonomismo un merecido puñetazo. Quizá así les haga caer del caballo. Quizá así les haga reconocer -ante la evidencia de estos últimos 40 años de desastre autonómico-, que el modelo territorial consagrado en la Constitución ha fomentado los separatismos, ha lastrado las arcas públicas al multiplicar por 17 prácticamente todos los organismos y, además, ha roto la solidaridad entre los españoles.

Españoles que no solo no son iguales ante la ley puesto que pagan distintos impuestos o estudian cosas distintas en función de dónde residen, sino que, en estos momentos, van a poder vivir o estarán condenados a morir dependiendo del ente administrativo al que les hayan adscrito.

El autonómico no es ya tan solo un modelo fracasado. Es una inmoralidad.

 

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