Entrevista a Martín Ynestrillas en Disidencia, candidato de ADÑ a las Elecciones Europeas

¿Quién es Martín Saenz de Ynestrillas? ¿Qué empuja a un padre de familia, y hasta abuelo, a da este paso en la política? Martín Ynestrillas es un militante social patriota desde que tenía 13 años. Un militante que entiende la vida como una milicia, como un período en el que pelear por unas convicciones de servicio a los demás, de mejora de la vida de los más desfavorecidos, que les haga la existencia más fácil y más justa. No lo decido yo. Es que no puedo evitarlo. Va en mi ADN rebelarme contra un montón de cosas injustas, entender otras como normales y aceptar unas pocas como inocuas. Pero cuando las injustas pesan más hay que hacer algo. No se puede uno quedar en la retaguardia esperando a que sean otros quienes las resuelvan y, lo que es peor, juzgando cuánto de bien o de mal se hacen las cosas. ¿Abuelo? Razón de más. ¿Qué España y qué Europa quiero para los míos? ¿La que construye el conjunto de estados neoliberales que deciden ahora mismo? ¿La que querría construir el marxismo, si pudiera? ¿la de la autodestrucción como modelo de sociedad? ¿O la nuestra, la del patriotismo social y cristiano? Pues si quieres que algo salga adelante, colabora en hacerlo tú mismo. ¿Qué es ADÑ? ¿De dónde sale y qué fines persigue? ¿Cuáles son sus apoyos para esta candidatura en el mundo de la cultura, la prensa, los negocios? ¿Hay compromiso? ADÑ es una coalición de cuatro partidos que, si bien han caminado y caminan habitualmente por separado, han logrado encontrar una meta común y unos objetivos comunes. Y por supuesto un candidato común. Se trata de FE-La Falange, FE de las JONS, AES y Democracia Nacional. Pero junto a nosotros caminan muchas otras opciones patriotas que no han presentado candidaturas, en ocasiones incluso, para favorecer la nuestra. Me vienen a la cabeza los apoyos explícitos de RESPETO-España 2000, Somi, Nosotros, Alternativa por Albacete, Democracia Ciudadana, Movimiento Católico Español, y de periódicos y periodistas alternativos de todo tipo, como Javier García Isac, de Radio Ya, el director de Rambla Libre, Enrique de Diego, el de Josele Sánchez, de la Tribuna, el de Álvaro Romero, de El Correo, el de José Luis Barceló, de Mundo Financiero… Soy muy malo de cabeza y me dolería estarme dejando gente, pues ha sido mucha la que, desde el minuto uno, han felicitado esta candidatura y mostrado su apoyo. No me lo tomen a mal, por favor, porque sé que están todos ahí. Tenemos un hilo en Twitter donde hemos recogido todos esos apoyos, día a día. Y noto en todos mucha ilusión; están comprometidos con la candidatura, trabajando a diario, saliendo a diario en todas las ciudades y pueblos de España con sus puestos de información, sus caravanas. Ni sé los kilómetros que hemos hecho los candidatos y los que no son candidatos… Tenemos la sensación general de que esta vez sí será posible. ¿Hay cabida para una opción como ADÑ dentro del régimen del 78? El régimen del 78 sólo ampara a quienes, por activa o por pasiva, por acción o por permisividad y falta de respuesta, atentan cada día contra España. Contra su memoria, contra su historia, su convivencia, su civilización, su cultura, su credo, su fe y hasta su idioma. Contra su integridad y sus fronteras, contra sus derechos elementales, contra su economía. Contra todo. Ahí es fácil encontrar acomodo en el Régimen del 78. Puedes proclamar la barbaridad más grande que siempre aparecerá alguien apelando a la libertad de expresión, para justificarla. Los que nos situamos o a los que nos sitúan fuera del sistema, efectivamente lo tenemos más complicado. Todo son trabas legales, ilegales y alegales. Poner un puesto de información en determinado municipio conlleva una batalla con el alcalde, un cruce de acusaciones, unas intervenciones letradas… Presentarte a los comicios requiere de las firmas de montones de personas en apenas unos días, con períodos vacacionales de por medio y la negativa de todos los partidos del sistema; concurrir exige artificios como la paridad, el distinto valor y precio de los escaños en según qué territorios. El acceso a las televisiones y medios está vetado o restringido a espacios de pocos segundos en momentos intrascendentes. Eso en los aspectos formales. En los aspectos jurídicos también se suceden las trabas, los silencios administrativos para agotar plazos, las amenazas… Pero el régimen del 78 es tan débil, tan agujereado por todos sitios, que hasta nosotros tenemos la oportunidad de encontrar los resquicios de acceso y plantar batalla. Con el tiempo y la fuerza de nuestras convicciones estoy seguro de que avanzaremos y aprenderemos a navegar dentro de sus límites, contra sus límites y forzando la ruptura de esos límites. Si tenemos una convicción clara es la de que el Régimen del 78 es el responsable directo de la situación actual de Expaña. En estos últimos dos años la mayoría de patriotas y nacionalistas españoles han tomado a VOX como la respuesta a sus demandas sociales y políticas. ¿Por qué ADÑ sí y por qué VOX no? Niego la mayor. Ni ha sido en los últimos dos años, ni ha sido la mayoría de los patriotas nacionalistas, ni ha sido respondiendo a demandas sociales. De ser verdad la respuesta no habría sido Vox. La situación ha sido muy reciente, cuando el sistema lo ha permitido y al amparo de mensajes confusos – premeditadamente confusos – para volcar al patriotismo de brocha gorda Y con el permiso y tutela de quienes vivieron en carne propia la derrota del PSOE, por la aparición interesada de Podemos, auspiciada desde la derecha. Aprendieron a dividir y a vencer, permitiendo la atomización de su enemigo/adversario. Pero es la atomización del conglomerado de centro y derecha, lo que buscaban y han obtenido. Nada que ver con las terceras posiciones, el social patriotismo cristiano e identitario. A nosotros se nos ha dejado el espacio que hemos logrado conquistar por nosotros mismos. Ni un centímetro más. Si repasamos los anteriores comicios, esta formación tenía 40.000 votos y ha estado a punto de lograr 2,7 millones en esta ocasión. En las anteriores europeas y todavía con Alejo Vidal Cuadras a la cabeza, rozaron el escaño – faltaron unos 3000 votos – lo que se acredita con 240.000 votos, más o menos. De manera que no; no fue hace tanto (de hecho, ha ocurrido en Andalucía y, como consecuencia de ello, en las siguientes elecciones) y no fue con apoyo procedente del patriotismo social, sino de los mismos que fundaron Vox: los arrepentidos del PP, de fuerte trayectoria neoliberal y neoconservadora y especialmente desde la llegada de Rafael Bardají y su referente Steve Bannon. Pero es cierto que un nutrido grupo de antiguos camaradas de filas varias, y especialmente después de lo de Andalucía, y algunos desde antes, han sentido atracción por un discurso aparentemente patriótico, como ya he definido, de trazo gordo; sin demasiados detalles. A ello ha contribuido la incorporación de personas de nuestro entorno de cierto prestigio – y con ello han adquirido responsabilidad directa en la confusión – que han adornado el mensaje con elementos de los que saben que impactan positivamente en el electorado patriótico y social. De hecho, lo hacen cada día durante la campaña, modificando algunos extremos hasta el punto de calcar los nuestros. A eso me refiero con la confusión consciente: al uso de la bandera nacional y el lenguaje patriótico; al himno de la legión y hasta de la cabra, a Manolo Escobar, la tauromaquia, la autodefensa y algunos giros en torno a la memoria histórica, las leyes de género y LGTBI e incluso el aborto y la eutanasia, que han despertado los deseos instintivos de muchos antiguos camaradas, de verse representados, siquiera someramente y sin entrar en detalles, por alguien que, por primera vez en décadas, no fuera una opción marginal y sí posibilista. Ha sido, claramente, una magnífica jugada de marketing político que, sin perder al electorado principal, que no es otro que el electorado de la derecha enfadada, se ha hecho con los votos desesperados y supuestamente “útiles” del electorado patriota. Pero en el camino se han quedado los despojos de la gente más decente o más significativa. La que utilizaron para orquestar esa captura de voto prestado. No voy a hacer aquí una relación de los castigados, entre otras cosas porque aún no ha terminado la caza de brujas, pero al partido de la utilización vomitiva del himno de la Legión, se le ha olvidado que, en La Legión, nada importa la vida anterior, y que con razón o sin ella se acude a la llamada de auxilio y que, desde luego, jamás se deja a un legionario en el campo de batalla. Y es que ser legionario es algo más que ponerse una camiseta verde y correr la 101 de Ronda. Como ser patriota es mucho más que todos los brochazos que he dicho: ¿Qué nos diferencia? Véase el programa social y se descubrirá la propuesta de privatización de los rescoldos de la empresa pública, como Red Eléctrica o Aena; véase lo que se propone para arreglar el terrible problema de las pensiones, el copago. Mírense los vídeos de Vox Baleares con el beso homosexual de un inmigrante que no puede votar y otro que sí. Véase que en la defensa de la vida se promueve la vuelta a la ley de supuestos del 85 que tantos crímenes permitió. Véase la “euroexigencia” de la permanencia en la UE, su moneda, su evidente pérdida de soberanía, pese a que se reivindique lo contrario. Véase la matización continua del control de fronteras respecto a los inmigrantes ilegales y la indefinición de cuántos serían necesarios y de qué procedencia, de los llamados legales, y compárese con nuestras propuestas. Las nuestras son muy claras: Exigen el cierre del espacio Schengen, la salida del Euro, el cierre y recuperación de fronteras, la recuperación de la peseta, el fin de los recortes sociales, la promoción de una memoria histórica definitiva que recuerde y señale a los mayores criminales de la historia desde la Cámara, la recuperación de soberanía, el replanteamiento de los acuerdos de libre comercio que perjudiquen a España, la inmediata recuperación de la cláusula arancelaria de protección que supuestamente tiene en vigor la UE, para casos flagrantes de perjuicio económico como el que sufre España, el replanteamiento de la euroorden y, en general, de los espacios normativos y legislativos que no nos obliguen a trasponer la normativa que no nos convenga y que permite, por ejemplo, la aplicación de la doctrina Parot, el desprecio de Bélgica y Alemania con los fugados, o el de las cámaras con Arnaldo Otegui o con los separatistas… Podemos estar una semana marcando notables diferencias, por ejemplo en la política de alianzas militares respecto a OTAN, UE y los territorios actualmente excluidos de la defensa común, como Gibraltar, Ceuta, Melilla y Canarias; pero seguramente lo más escandaloso está en el mojigato concepto de defensa de la vida, de la concepción, de la familia y el matrimonio, que tienen su máxima expresión en la defensa de la vida sin ambages, de la civilización cristiana, la familia tradicional y el matrimonio. No busquen ahí los mensajes definitivos de Vox, porque ni están ni se les espera. Vox es un partido de derecha neoconservadora y liberal. Nosotros representamos el social patriotismo identitario y cristiano. El hombre al servicio del Sistema o el Sistema al servicio del hombre, como eje fundamental del estado de Bienestar. Esa es la gran diferencia. ¿Coincidimos en cosas? ¡Claro! Y con Podemos también y eso no nos convierte en marxistas, ni nos invita a votarlos, ¿verdad? Pues eso. La izquierda y la derecha son conceptos que ya han desaparecido. Todo ahora es transversal. Y eso no es posible en Vox, que colecciona etiquetas en todos los espectros políticos. La inmigración es una de las principales problemáticas a nivel nacional y continental, un auténtico ataque contra las poblaciones de los países occidentales. ¿Cuál es la postura de ADÑ al respecto? La inmigración no sólo es un problema grave. Forma parte de la estrategia de sustitución cultural y de civilización de quienes manejan el Nuevo Orden Mundial, la globalización, el mundialismo o como usted lo quiera llamar. Es una estrategia que tiene muchos ejes, pero, casualmente, todos los responsables profesan los mismos credos, más o menos públicamente, más o menos clandestinamente, y todos tienen ideólogos y financieros comunes. Sé que cuesta creer que George Soros por un lado y Steve Bannon, por el otro, se hayan conjurado para destruir Europa y España, pero eso no lo hace menos cierto. Y como en el caso de Soros, además, su prepotencia, su cinismo, su descaro y su afán de protagonismo le pierden, es fácil comprobarlo, porque lo declara y lo acepta en público cada vez que tiene oportunidad. Soros financia la multiculturalidad, la inmigración y el tráfico de personas, la ideología de género, la de identidades sexuales, el alquiler de vientres y la atomización en diminutas regiones de los restos de las naciones europeas haciéndolas vulnerables y fáciles de controlar. En manos del juez Llarena está la información que acredita su financiación directa y millonaria de todas las organizaciones separatistas de Cataluña. Y es que los ejes son muchos, como decíamos. Todos ellos destinados a destruir la Europa de valores griegos, romanos y cristianos, y sustituirlos por cualquier otro sistema que debilite los cada vez menos sólidos cimientos del anterior. Así, es prioritaria la destrucción de la familia convencional, la financiación del invierno demográfico mediante el asesinato de nonatos; la multiculturalidad como elemento de mestizaje que acabe con los sistemas de valores tradicionales, la desnaturalización de la procreación en pos de un negocio de alquiler material, desprovisto de cualquier elemento místico, humano, social… y la importación de culturas extranjeras incompatibles con el sistema de valores occidental; se trata, tal y como anunció el personaje públicamente, de mantener a España y a Europa, para siempre, en permanente inestabilidad. ¿Manía persecutoria? No. Marxismo cultural, relativismo moral y, sobre todo, negocio y poder capitalista, neoliberal y conservador. Ahí sí converge con el asesor de Donald Trump, de Rafael Bardají y de Vox; mano de obra barata que rentabilice los múltiples negocios de los poderosos de Europa, de las élites, sin permitir que nadie que no pertenezca a esa élite, pueda salir jamás de sus garras. Control sobre la producción, la energía… y los hombres y mujeres de Europa. ¿Qué opina de la corriente de pensamiento partidaria de priorizar la inmigración de países hispanoamericanos sobre el resto? La inmigración es un fenómeno innegable que se va a producir, sí o sí, nos guste o no, desde innumerables lugares y hacia el mundo occidental. Por ello la firmeza en la respuesta tiene que ser muy alta. Tenemos que ser nosotros los que decidamos cuántos, quiénes, con qué criterios y por qué razones. Y teniendo en cuenta que de estas decisiones podría desprenderse un nada deseable efecto llamada. La política española, en este sentido y durante siglos, fue la de atender en origen, llevar nuestra cultura, nuestra fe, nuestro idioma, nuestras universidades al resto del mundo. Esto conlleva un modo de hacer las cosas y también una responsabilidad, sobre todo respecto de aquellos países que, de forma generalizada, se consideran hermanos e hijos de la madre patria. Aún hay países hispanoamericanos que no han sido abducidos por el falso virus del indigenismo y que siguen hablando de España, como de la madre patria. Eso afecta a lugares tan dispares como Hispanoamérica, Filipinas o el Sáhara Occidental, con culturas distintas, idiomas nativos distintos y distintos grados de amor y respeto por España. Pero no podemos olvidar que todos coinciden en algo: todos alcanzaron por voluntad propia la independencia, generalmente por vías violentas y de enfrentamiento a España. Y con alianzas con nuestros peores enemigos. Se hicieron mayores y asumieron sus propios destinos. Sin embargo, si algo negativo destacamos habitualmente de los movimientos migratorios masivos y sustitutivos es, precisamente, la diferencia cultural, de credo, idioma y costumbres que tienen, por ejemplo, los países islámicos de los que recibimos cantidades ingentes de migrantes, con el consiguiente riesgo de confrontación, gueto, destrucción de valores y sustitución poblacional. En este sentido, asegurar que los migrantes asuman o coincidan con los elementos culturales, idiomáticos, religiosos, sociales, etc. del país de destino, es decir, de España, debería ser no sólo prioritario, sino imprescindible para el mantenimiento de la normalidad y la convivencia. No sólo titularmente, sino por ley. Ahora bien, eso no obliga a nuestro país a abrir la puerta cuando llamen a ella, sino cuando, primero, nos aseguremos de arreglar lo nuestro y segundo, cuando lo consideremos oportuno. Y oportuno puede ser ante determinados perfiles científicos, académicos, industriales o de valor, o ante un cambio brusco de una pirámide poblacional, en la que la edad se ha invertido y ya no quedan jóvenes para soportar el sistema, y sólo, por supuesto, mientras España toma medidas natalistas, de protección y de regreso a la pirámide correcta y arregla el problema heredado de las políticas neoliberales, conservadoras o socialdemócratas. Y también, por qué no, ante la falta de trabajadores de un sector determinado, no en razón del bajo salario, sino de la habilidad. Nótese bien, digo ausencia, no sustitución por coste. Eso exige un rigor extraordinario en la catalogación de necesidades laborales. En este sentido, no cabe duda de que algunos de esos criterios los cumplirá mejor un hispanohablante y culturalmente occidental, que uno que no lo sea. Garantizará su condición idiomática y su código moral, que seguramente será católico, mejor que otros migrantes, aunque no siempre. Porque el deterioro moral, también en esas culturas hispanas es brutal, asociado generalmente a una delincuencia salvaje, a una pérdida de todo escrúpulo y una falta de rigor en el control y la educación francamente peligrosas. Bandas de MENAS, bandas latinas, cárteles de tráficos varios… Dicen nuestros propios amigos hispanos que en dos generaciones más desaparecerá ese sentimiento residual de maternidad patria En mi opinión, la selección de para qué, por cuánto tiempo, qué idioma hablas, por qué código de conducta te guías, qué sabes hacer y cómo enlazarías con la cultura española, son criterios básicos que nos deben dar una respuesta acerca de desde dónde recibir los migrantes necesarios. Y si son hispanos, mejor. Y si no lo son, pues también bien. Pero la puerta, en todo caso, la abrimos nosotros, con criterios objetivos, individualizados, sostenibles, integrables… y reversibles. Los desafíos de hoy son descomunales, actores internacionales de un peso tremendo le disputan la hegemonía a los EEUU militarmente (Rusia) o económicamente (China). ¿Y Europa? Está España, como decía Gustavo Bueno, contra Europa, o España está en Europa y sin algún tipo de confederación europea desde Portugal hasta Rusia no vamos a ninguna parte. Precisar por nuestra parte que una cosa es la Unión Europea, y otra Europa. España es Europa sin fisuras. Es más, Europa no existiría sin España. Sin la defensa militar, cultural y religiosa que, a lo largo de los siglos configuró Europa. Europa es, de alguna manera, hija del modelo de civilización occidental que implementó España en todos sus frentes, ya fuera en el este, contra el Turco, en el norte contra el pagano, el arriano o el protestante, en el sur contra el Islam y en todo el orbe que permitió circunvalar el mundo y conquistar América. Nadie nos puede hablar de falta de europeidad, de falta de solidaridad o de falta de objetivos, porque nuestro imperio llevó luz, idioma, fe, universidad, carreteras, hospitales, civilización y misiones a todo el Orbe. Eso sí, entendimos muy bien que las cosas hay que hacerlas en origen, para beneficio y mejora de los naturales de esos lugares, en lugar de hacerlo en destino, convirtiendo en mano de obra semiesclava a los migrantes, bajo la falsa expectativa de la solidaridad. Nada más miserable y más falso que eso. Nosotros llevamos la Civilización y la libertad. Los ayudamos a ser hombres y mujeres libres. España sigue liderando hoy en día, las misiones civiles y religiosas, los trasplantes, las donaciones… España es un país con una clara vocación de liderazgo universal en todos los frentes. Y lo hace a gusto, convencida de su labor. Le corresponde, por tanto, a España, liderar proyectos internacionales que busquen esos mismos objetivos de misión Universal. Y nos sobran todos aquellos en los que somos comparsa sin identidad, voz ni voto. La Unión Europea es uno de esos espacios donde contamos muy poco. Donde las políticas, que se trasponen casi en su totalidad a la legislación española, son decididas por unas élites políticas, no electas, que no tienen más interés que el económico de esas mismas élites. Manejan la moneda a su antojo, los acuerdos de libre comercio sin tener en cuenta nuestros intereses y nuestros perjuicios, las fronteras como sistemas de distribución obligatoria de mano de obra… Los resultados constatables – invito a buscar el informe del Centro de Política Europea, con sede en Friburgo y los trabajos del director del departamento de Política Económica y Fiscal cuyo título es “A los 20 años del Euro ¿Quiénes son los perdedores y quienes son los ganadores?” – han sido desastrosos para la Unión Europea, en general y para España sin ninguna duda. Y, sin embargo, efectivamente, los desafíos mundiales son enormes. Por eso no podemos renunciar a nuestro potencial como nación de liderazgo mundial, ni a nuestra europeidad, ni a nuestra posición geoestratégica como puerta de África. Pero esas alianzas no pueden ser sumisas, de segundo nivel, gobernadas por otros con intereses distintos, cuando no contrapuestos. Tenemos que recuperar el liderazgo, aliarnos con la Europa a la que pertenecemos en pie de igualdad, establecer alianzas militares que preserven nuestros intereses particulares, como por ejemplo Gibraltar, Ceuta, Melilla, Canarias; proteger nuestros espacios atlánticos y mediterráneos con aliados naturales e intereses similares. No sólo militares, sino fronterizos, comerciales, económicos… Deberíamos tener un montón de aliados naturales a ambos lados del mundo, pero antes hemos de recuperar nuestra soberanía y nuestro liderazgo. Europa sí, sin duda, pero no así. Quisiéramos saber si tiene ud algún referente político fuera de nuestras fronteras, o en nuestro propio pasado, que pueda servir de inspiración para España. Soy un ávido lector de casi todo y de ensayo político, por supuesto. Y España es tan rica en producción literaria y de pensamiento, que sólo con los nuestros hay para sentirse muy bien representado. Recurrir, obviamente, como falangista a nuestros pensadores, es por supuesto un sitio común. Ramiro, José Antonio, Onésimo, Julio Ruiz de Alda. Y en otro orden de cosas Ramiro de Maeztu, Vázquez de Mella y otro montón de autores. Siento admiración por muchos europeos del pasado, fuera de nuestras fronteras, y tengo mucho respeto por algunos líderes euroescépticos actuales, pero cuando repaso a nuestros pensadores y nuestros héroes, no hay ninguno de fuera que eclipse a los nuestros, ni que me aporte mejores referencias. Complementarios sí. Pero me quedo con los hombres y mujeres de principios del siglo pasado, que dieron lugar a este tipo de patriotismo social autóctono que llamamos nacional sindicalismo. ¿Qué piensa usted de la fragmentación de la ultraderecha después de fallecido Franco? ¿Cree que se podría haber evitado antes o habían razones de fuerza mayor? Pregunta con trampa, porque implica asumir un término de doble filo. El de la ultraderecha. Si lo usamos como una convención, como la forma de referirse a todo lo que no es de derecha convencional o claramente de izquierdas, puede tener una acepción, pero si lo situamos políticamente, desde luego tiene otra. Y esa sería precisamente la causa de la fragmentación; el franquismo sociológico, unitario, uniformizado, conformista y ajeno a la política convencional, se ve de repente abocado a elegir opción política. Antes, el propio franquismo – y en algunos casos aún hoy – era suficiente definición y posicionamiento político. Pero eso desvirtuaba la realidad. Los falangistas tenían sus propias percepciones del posicionamiento político – y lo digo en plural a propósito – que abarcaban desde el Movimiento hasta la contestación. Y el conservadurismo amorfo también encontraba acomodo suficiente en opciones que iban desde UCD al Partido Popular, pasando por el PP. Y todos, o la mayoría, procedían del franquismo sociológico del que después han ido paulatinamente renegando unos y otros. Y aún nos faltarían los tradicionalistas, los carlistas y requetés, y los estamentos militares y eclesiales sin definición política clara pero enorme influencia. Un difícil panorama que ha necesitado muchos años para fijar posiciones ideológicas, para renunciar a algunas, recoger otras, definir espacios y poner a cada uno en su sitio. Cuando ha aparecido el social patriotismo identitario y cristiano, han aparecido también, en todo su esplendor, las derechas reaccionarias, las derechas liberales y las ultraderechas neoconservadoras, y cada uno hemos podido ocupar nuestro espacio. Aún hay quien, deliberadamente, juega a seguir confundiendo términos, programas y objetivos, pero a nada que se preste atención se encuentra a Wally. Y, sí, por supuesto que ha habido asuntos de orden interno que han terminado afectando a las organizaciones y sus proyectos. Si ocurrió en plena eclosión del falangismo, antes de la guerra, ¡Cómo no va a ocurrir después y hasta nuestros días! Pero todo madura y ahora se puede comer. ¿Tarde? Yo creo que nunca es tarde si nos ponemos a ello con dedicación y apasionamiento. Que hemos crecido y madurado es un hecho. Que hay un proyecto político solvente detrás, también. Que queda mucho camino por recorrer y muchos patriotas que incorporar, sin duda. Pero entre la nada y el todo está ADÑ sin paliativos ni confusiones. Y estoy seguro de que va a seguir estando. Sin embargo, si hay un término que no puede encajar nunca con nosotros es el de la extrema derecha o ultraderecha. Eso es Vox, en todo caso. Para estar a la derecha de algo previamente hay que estar en esa misma derecha. Y nosotros estamos en la tercera vía, en la tercera posición, en la que da por fenecido el caduco argumentario de izquierdas y derechas. Economía es una palabra fetiche para la mayoría de fuerzas liberales y progresistas (dos caras de la misma moneda) y siempre se trata de cuestiones dogmáticas; o sólo se puede ser capitalista liberal, o sólo se puede ir hacia la gestión pública de todo aspecto de la vida cotidiana. Luego de repente aparece, por ejemplo, un Donald Trump, y combina proteccionismo con capitalismo y descoloca a todos…¿Cuál es la posición económica de ADÑ? Yo creo que ha quedado mencionada varias veces a lo largo de esta entrevista. En lo que deberíamos llamar patriotismo social cristiano. Tanto el nacional sindicalismo, como la doctrina social de la iglesia, como el patriotismo identitario y social que preconizamos las cuatro formaciones coaligadas tenemos en común un amplio consenso en esto: El hombre en el centro del sistema económico; El sistema económico al servicio del hombre. Derecho a la propiedad incluidos a la empresa de la que forman parte y a los rendimientos y plusvalías de los rendimientos del trabajo o a la vivienda. Crédito garantizado para obtenerlos; desprecio por los que sólo rinden culto a los rendimientos del capital a costa de los hombres. Sanidad, educación, transporte, infraestructuras, energía, crédito como responsabilidad ineludible del Estado y garantizada para todos los españoles de manera accesible y universal, sin distinción. No me gusta decir gratuita, porque no tener que desembolsar pagos por recibir servicios no significa que sea gratuito; todo tiene un coste y el Estado debe asumirlo, del mismo modo que los españoles tenemos que asumir nuestro compromiso con el Estado. Nacer no otorga derecho alguno que no vaya acompañado de obligaciones. No cabe en el Estado Nacional el que crea que es objeto de derechos al margen de las obligaciones. Protección de los nuestros con las medidas que sean necesarias para garantizar lo anterior. Para ello necesitamos recuperar soberanía económica y monetaria, ser libres de implementar medidas de atracción de la inversión industrial, que fue destruida desde nuestra entrada en la unión europea. Medidas de apreciación o depreciación de la moneda en función de nuestros intereses; inversión en tecnología, I+D+I; en atracción y conservación del talento mediante planes ilusionantes de investigación. Recuperación de la España interior mediante la denuncia de los tratados que la destruyeron, las políticas de fomento de la repoblación, la recuperación de las tareas ganaderas y agrícolas que nos son propias, la dotación de servicios que no inviten al abandono… No sé cómo hay que llamar a esto más allá del patriotismo social, pero es evidentemente distinto de cualquier otra opción. Obliga al Estado a intervenir y al hombre a ser partícipe de sus obligaciones y derechos. Póngale la etiqueta que quiera. Uno de nuestros lectores nos pedía que le trasladásemos esta pregunta… «¿Es consciente del impacto que pueden tener medidas como las de volver a la Peseta, en forma de inflación extrema? Es terrible que la UE nos someta en todo, incluida la política monetaria. Pero si por este cambio tan drastico nos cargarnos por el camino a buena parte de los ahorradores de nuestro pais, no se si se trata de una buena medida a aplicar.» Este lector debería estar preocupado si se ha llevado sus pequeñas inversiones a fondos extranjeros que sí se puedan ver afectados por cambios en la política económica. Pero no debería estar nada preocupado si su inversión no es extranjera y apuesta por nuestro país y nuestros proyectos. Ya lo hemos dicho, el desprecio por los que solo viven de los rendimientos del capital orientará nuestra política. Esas inversiones en recursos y entidades extranjeras, frecuentemente son rentables, al margen de los intereses de España y los españoles. Esas inversiones serían la antítesis del patriotismo económico. Pero déjeme aclararle algo a este lector, que intuyo que se refiere a sus ahorros en euros; simplemente que no se preocupe y que no compre argumentos falsos. La inflación es la que se produjo justo en el momento contrario; cuando entramos en el euro. Y no fue precisamente menor. Nuestra economía se vio afectada por inflación en precios que alcanzaron hasta el 60% (baste tomar cualquiera de los conceptos cotidianos que pasaron de costar 100 pesetas a un euro); tomada de forma media e incluida la que afecta a la vivienda y otros elementos distintos a la llamada bolsa de la compra se ha cifrado en un 40%. Pero el poder adquisitivo incurrió en pérdidas de entre el 20 y el 35% según se tomen o no determinados elementos cotidianos. Cuanto más cotidianos, mayor pérdida de poder adquisitivo. Y por tanto mayor inflación. Después quedó fijada para siempre y nos acostumbramos a vivir así a lo largo de 20 años, y por eso no somos conscientes de esta depreciación. Pero lo cierto – ya he citado el informe anteriormente – es que España ha perdido, por la entrada en el euro, 280 mil millones de euros en PIB (Producto Interior Bruto) a lo largo de este período. No hay nada más perjudicial. A lo que este lector se refiere, probablemente, es a la posible depreciación de la moneda (y yo me atrevo a decir, o apreciación, que todo es posible), y eso es, justamente, de lo que se trata; de la capacidad soberana de España de manejar la herramienta monetaria a su conveniencia, apreciándola o depreciándola en función de sus intereses. Lejos de ser malo, es extraordinario para una economía. Y especialmente para la economía española, cuyo comportamiento frente a las exportaciones e importaciones (lo que define al cabo, la balanza comercial, entre otras cosas) es muy conveniente. Es un concepto que se llama elasticidad (a cada uno de los dos conceptos). No voy a explicarlo aquí, pero el lector tendrá que creerme cuando le digo que esa elasticidad favorece a España y su economía, manejando su propia moneda. O puede leer el tratado de Laureano Luna “Economía para socialistas y patriotas”, que es extraordinariamente didáctico. Y por si queda alguna duda, hay que recordar que el euro es solo la moneda del 60% de los europeos. El otro 40% ni está ni ha estado nunca en el euro. Y le sorprenderá saber que a todos esos países de la Unión Europea que han mantenido sus monedas (Reino Unido, Dinamarca, Chequia, Polonia, Hungría….) les ha ido mucho mejor que a los que sí lo estamos. A algunos les ha ido mejor incluso que a Alemania, que es la única beneficiaria neta de la UE. Algunos, como Chequia, depreciando su corona, han logrado concentrar en su país, la práctica totalidad de la industria automovilística de Europa. Algunos, como Dinamarca, tienen un diferencial con el bono alemán, que es el de referencia, de valores negativos, es decir, mejor que el propio bono alemán. No debería preocuparse el lector por nuestras propuestas. No está en manos de descerebrados. Sabemos lo que hacemos y propugnamos. ¿Estamos a tiempo de revertir el globalismo? En cuanto al globalismo, no se si se puede revertir del todo y para todo el mundo, pero se pueden paliar sus efectos para los españoles. Con eso nos conformamos de momento. Otros países harán lo propio. Es una carrera larga. Ya veremos. Volviendo a algo más personal, nos dicen que a usted el tema de ETA le toca de cerca (su padre fue asesinado en 1986, N. del E.) y que le podríamos preguntar por los etarras huídos por Europa, que recibieron asilo sin complejos por parte de otros países. El tema de ETA nos toca, en lo personal y en lo colectivo, a todos como pueblo. ETA ha sido y aún es, una herramienta a las órdenes del secesionismo separatista vasco, una organización terrorista que propugna alcanzar la independencia de un territorio inventado por ellos mismos, aunque para ello se haya empleado en asesinar cobarde y míseramente a todo tipo de personas, nacionales o extranjeros, de ambos sexos, de todas las profesiones y dedicaciones, de todos los credos políticos y sociales – con especial interés, eso sí, en el Ejército y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado – por la única razón de ser españoles o, de residir en España, y más tarde miembros de la judicatura y de los partidos políticos. Esa era la única condición: ser españoles. Por tanto estamos los españoles a los que nos toca de cerca, que somos todos aquellos que ni formamos parte ni apoyamos a la banda asesina – pero que son igual de españoles, aunque les pese – y aquellos otros que nos toca muy de cerca, en nuestra propia carne, por ser familiares directos de las víctimas. Pero no hay ningún español al que no le toque de cerca. Así que me pueden preguntar por lo que quieran y responderé como cualquier español decente; indignado con la derrota moral, civil y política que nos ha procurado ETA y todo su conglomerado llamado eufemísticamente “nacionalista” (incluido el llamado nacionalismo moderado) o peor aún “abertzale” a todos los españoles, con la participación, colaboración necesaria, encubrimiento y dejación de los poderes públicos vinculados al Partido Popular y al Partido Socialista, fundamentalmente, durante décadas. Derrota infringida bajo el disfraz, el paraguas y la excusa de una supuesta victoria militar, que no obstante ha tenido su último capítulo vejatorio en la supuesta “captura” del canalla de Josu Ternera, cuando ha convenido a los tiempos electorales y a los políticos de cada momento. La prueba de esa derrota es, precisamente, aquello por lo que usted me pregunta: Han conseguido de tal modo sus objetivos políticos, que ya no les compensa el incómodo uso del asesinato y, sobre todo, de la clandestinidad, pudiendo ahora pasearse libremente por las instituciones españolas y europeas con total impunidad, ciscándose públicamente en sus antiguos socios de negociaciones y siendo reconocidos y nominados como hombres de paz y haciéndose fotos con lo peor de esta sociedad que no es otro que el ignorante, el analfabeto funcional voluntario. Otros muchos viven, se refugian, en una supuesta y falsa clandestinidad que los servicios de información controlan pero que no tienen intención de atacar, si no es para cumplir con alguna escenificación política como la referida. Y en el otro extremo geográfico de la estrategia, se encuentran los secesionistas catalanes, también españoles “manque les pese” huidos de la justicia española, pero con su consentimiento y permisividad y acogidos impunemente en Alemania y Bélgica, en lo que supone el desprecio más absoluto y la falta de respeto más grave jamás causada por un supuesto aliado a otro, y sin que ello haya provocado el menor incidente o al menos protesta diplomática. Por eso hay que ir a Europa. Alguien tiene que poner freno a la impunidad y a la ignominia. No necesito decir más. Para terminar, ¿qué le diría usted a un joven español de 20 años que sabe que algo, muchas cosas, va mal, pero no sabe qué hacer? ¿Cómo evitamos que acabe desmoralizado y siendo un joven derrotado? No hay mayor derrota que aquella cuya batalla no se libra. No tenemos derecho a la desilusión, a la desidia, al desencanto. Las tareas colectivas – y España y Europa lo son – son una obligación moral. No estamos obligados a vencer, pero sí estamos obligados a pelear. Por nuestros muertos, por nuestro pasado, por nuestro legado, por nuestro futuro. Le diría que salga de esa serpiente hedonista, egoísta, consumista y aniquiladora de voluntades que es la actual sociedad y que suba al monte. Que respire, que reflexione solo, que se pregunta por el sentido último de su propia vida; que se pregunta si realmente cree que estamos aquí para disfrutar unos pocos momentos o estamos para recoger unos talentos y entregarlos aumentados en forma de legado cultural, de civilización. Que decida una causa a la que entregarse, no importa cuál, que dé sentido a esa vida de derrota y desapasionamiento y la troque por otra absolutamente dinámica y vital. Y que busque en ella valores. Si hace eso, terminará irremediablemente en nuestras filas, dispuesto a un grado de entrega y sacrificio que aún es incapaz de imaginar. Peleará por valores absolutos: Bien, Verdad, Justicia y ya no importará nada lo que piensen los demás. Habrá nacido un social patriota y eso no tiene retorno ni quizá tampoco recompensa tangible. Solo la lucha. Pero la querrá. Estoy seguro.

 

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