El patio de mi casa. Más de cien años de la escuela de Frankfurt. Por Carlos Rodríguez.

Las cosas van pasando hasta ahora de forma amable y con buen humor. Quedan muy pocos, por razones lógicas de edad, de los que vivieron tiempos difíciles, guerras, posguerras, hambre, enfermedades y demás durezas. A los que hoy poblamos Europa en general y España en particular nos ha tocado vivir, gracias al esfuerzo de los que lucharon en tiempos peores, una bonanza y tranquilidad clorofórmica.

Cuando no se esperaba y menos de forma tan rápida, nos ha llegado una situación que más que difícil es extraña. La docilidad y ñoñería que el sistema democrático ha fabricado, de momento funciona porque han pasado pocos días desde “el toque de queda y el estado de guerra“.

Al que más y al que menos se le ha pasado por los caminos del ánimo salir de casa y pegar un par de hostias a ese seboso enfermizo llamado JOAQUÍN Torrado, “natural”.

Pero pronto será la hora de los psiquiatras y los psicólogos. La convivencia se empieza a hacer pesada y tediosa. Saldrá a relucir el mal humor, las situaciones tirantes entre familia y de ahí a la violencia queda muy poco, más aún encerrados en unos pocos metros cuadrados. Papá contra mamá, hermanos contra hermanos, hijos contra padres y todos contra todos. Al principio, con un par de gritos será suficiente, pero en adelante puede ser muy peligroso. Los gritos serán motivo de denuncias en las comisarías; Los vecinos empezarán a hacer reuniones, al principio divertidas, en las escaleras y casas del mismo portal, con el consabido riesgo de contagio del virus. Alguna que otra bronca dará carnaza a las siempre feroces “femichequistas”.

La incapacidad de este gobierno y del resto de los políticos “memocráticos” no augura nada bueno. Los medios publicitarios, cada vez más en quiebra, dejarán de hacer halagos al manoseado pueblo: “Qué buena es la gente, qué solidaria” y demás gilipolleces. Hasta el presidente ha llegado a decir: “No salir de casa y lavarse las manos son actos heroicos“…Sin comentarios.

El que se chute se chutará más. El que bebe beberá más. El que fuma fumará más -por eso la apertura de los estancos- . Todo y más será motivo de broncas cotidianas.

 

  • “¡Cuánto humo!, ¿Es que no puedes estar ni un minuto sin fumar? Sal a la terraza. Abre la ventana. Échale el humo a quien yo te diga. Cierra la ventana que hace frío. Sin fútbol estás inaguantable; Anda que tú, todo el día hablando con la pesada de tu madre. Voy un momento a casa del vecino, total no es para tanto esto del virus”.

 

Otros vecinos se quejarán

 

  • “Yo aquí encerrado aguantando la clausura y vosotros llenando de virus la escalera. Meteros en vuestra p… casa o llamo a la policía”.

 

A partir de aquí vendrán cosas y casos peores.

Todo esto que podría ser motivo de sainete esconde una cruel realidad que es el gran propósito sionista: división y enfrentamiento. Primero, lucha de partidos, luego lucha de clases, después lucha de sexos y siempre contra Dios, contra la Creación y contra la Humanidad.

El gobierno está nervioso, no paran de manifestar que esta situación puede ser aprovechada por gente y grupos con malos pensamientos, a los que en su estupidez y maldad llaman “fascistas“. Más de uno en su interior piensa y hasta se atreve a decir en privado: “Nosotros, que somos los buenos, si no damos pronto soluciones vendrán los malos y expondrán sus ideas, al fin y al cabo el fascismo se incuba en momentos de crisis, hay que tener cuidado, SON MUY PELIGROSOS y la gente es idiota”.

En ese momento es en el que se acabarán las excusas y el pueblo habrá dejado de ser (para ellos) esa gente maravillosa y dócil, convirtiéndose en una bestia salvaje. Ya no solo querrán pegar dos hostias al baboso enfermizo Joaquín Torrado. Dirán para sí los gobernantes:

 

  • Ahora las hostias nos las querrán dar también a nosotros. Ya ves tú, a nosotros, los apóstoles del placer y científicos del bien filantrópico. Se nos pueden rebelar ahora, precisamente ahora que estamos tan bien colocados y apañados, en nuestras peanas, sí peanas, porque nosotros somos unos santos por todo lo que hemos hecho y estamos haciendo por ellos. Así nos lo pagan".

 

Esto o algo parecido empieza a ser una constante en las sucias mentes de los demócratas, que se acentúa pensando que el crimen contra la salud se verá aumentado cuando se le una el otro crimen, el que llaman crisis económica, que no es otra cosa que los más de 40 años de maldades que nos han dorado con la píldora de los viciosos placeres narcóticos, con la libertad degeneradora, con los derechos suicidas que llevan a la autodestrucción, con un hedonismo subvencionado, y con una democracia paliativa de canalladas.

El mal estar se implantará en los hogares, en las escaleras, en patios, portales y calles, donde los amigos de lo ajeno aprovecharán el cierre de negocios con locales llenos de productos, herramientas y mercancías para saquearlos. Los dueños se lanzarán a la calle para defender lo propio, a pesar de la amenaza del virus que sin duda seguirá extendiéndose. La policía, además de poder contagiarse, empezará a hartarse.

Todo esto hace que los del invento teman que haya exigencias contra los propios gobernantes del sistema y que les ajusten las cuentas, exigencias que sin duda pueden empezar en los patios de las casas.

 

Y luego que vengan los pelmazos del cambio climático.

 

Carlos Rodríguez

Jefe Nacional del sindicato T.N.S.

 

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