ADN de España, fundamentos para una coalición de futuro

Este sábado, con algunas sorpresas, la coalición de los que se definen como euroescépticos -¡Europa sí, pero no así!-, de los que por lo tanto desean cambiar el modelo impuesto por la eurocracia, para alumbrar una Europa Social de patrias soberanas que abogan por un espacio colaborativo, inicia su andadura pública con un acto de brisas fundacionales en la capital de España.

Con su decisión han demostrado que, en una coyuntura en la que España está en trance de disgregación como nación y como sociedad, por amor a la Patria, es posible llegar a esos acuerdos que durante tanto tiempo tantos han demandado; que es posible ofrecer una opción única, viable y sería para movilizar y atraer a decenas de miles de españoles. Esos que se veían abocados a la desilusión, a quedarse en casa o a depositar su voto, y por ello su soberanía individual, a favor de quienes no han sido más que una gran estafa política o no son más que la resultante de un plagio al carecer de ideas propias con el que conseguir la ascensión de nuevos pero ya viejos profesionales de la política.

FE JONS, DN, La Falange y AES han firmado un acuerdo de futuro, porque han asumido que lo fundamental son las ideas y no las siglas, porque lo importante es España y los españoles y no los debates estériles.

Nadie desconoce en esta hora que, en los meses transcurridos desde que se anunció el nacimiento de la coalición euroescéptica, la ya de por sí difícil coyuntura política española ha experimentado fuertes sacudidas, lo que tendrá notorias consecuencias en los procesos electorales, previstos e imprevistos, que todos tenemos en mente. Nada, por otra parte, que los partidos firmantes del acuerdo no hayan advertido o denunciado durante años, aunque se les tachara de alarmistas y visionarios, ya que en el fondo nuestros problemas político-económicos son estructurales y ante ellos las respuestas de la clase política han sido tan mínimas como sus propuestas.

Ante la realidad, dura y difícil, somos esos patriotas que afirman que España es hoy una nación con una soberanía política limitada, en la que la clase política vieja, aparentemente renovada o nueva, aspira a continuar por ese sendero de pérdida de la misma cubriendo sus miserias con falaces visiones de progreso y europeismo, para facilitar la disolución de la patria en un espacio globalizado, multipolar y multicultural. España es hoy una nación que ha puesto una parte importante de su soberanía en manos de la burocracia de Bruselas, con una clase política que está en consenso beligerante a favor de la idea de disolver las patrias en la UE de los mercaderes, hurtando el debate real sobre lo que es la UE a los españoles.

Soberanía política reducida pero también soberanía económica cedida, lo que acaba con la libertad y la independencia. Hoy los españoles somos en realidad súbditos del BCE y dependientes de las decisiones ecomómicas de Bruselas.

La UE no es algo lejano, sin importancia, sin incidencia en nuestro día a día; al contrario es un elemento capital en nuestra vida diaria y es así porque nos hemos ide dejando en el camino retazos de nuestra soberanía política, económica y moral. Y en este marco el debate y las opciones no es izquierda o derecha, ser de derechas, de izquierdas o de centro, sino elegir entre europeistas o euroescépticos.

En este debate que sacude políticamente a Europa, FE JONS, La Falange, DN y AES, los partidos que forman esta coalición que inicia su andadura, se integran en esa corriente en constante expansión que ya es una realidad en las naciones que buscan su restauración, que aspiran a reedificarse sobre lo que han sido nuestros valores y principios, asentados en nuestras raíces cristianas, que saben que dando la espalda a su identidad son como hombres sin alma. Una corriente que se ha transformado en la eclosión de los llamados partidos euroescépticos, usualmente descalificados como ultraderechistas, pero con un irrefrenable apoyo popular y social.

Somos euroescépticos, sin mercancía de contrabando, porque somos auténticamente patriotas, porque queremos rescatar el ADN de España; porque asumimos que en realidad muchos de los problemas que nos agobian hay que plantarlos en esa Europa en la que no tenemos palabra, en la que somos una anomalía. Defender allí la integridad de la Patria; cambiar las políticas económicas para recuperar el camino de la industrialización así como la protección e impulso para nuestros sectores pesqueros y ganaderos; apoyar la vida y la familia; construir la economía social basada en la expansión de las clases medias...

Un ADN que obliga a rebelarse contra una globalización de la que es hija fiel la UE; contra el individualismo que destruye el sentido de comunidad y de solidaridad que este genera para hacer posible la comunidad nacional y la comunidad social.

Ahora se abren casi nueve meses de trabajo titánico, de incesante campaña, de difusión y camino, de llamada a los inasequibles y a los valientes. Es el tiempo de la decisión, de escoger entre lo que verdaderamente se cree, lo que se comparte, y los sucedáneos; entre ser auténticamente libre dejando correr el ADN de España o conformarse conpostrarse ante exhibiendo una vez más el utilitarismo como razón o excusa.

 

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